Club Deportivo Caspe
 

Temporada 1992/93


El estado de incontrol atribuible al Club Deportivo Caspe no favorece en modo alguno su futuro a corto plazo. El equipo caspolino, tras el tira y afloja del verano, practica una obstinada complicidad con la más abyecta brújula. La lógica dicta su sentencia, unos deficientes cimientos hacen caer una vistosa edificación, y más todavía, cuando está en discusión el material empleado sobre el ras del suelo.

Cuando en una carrera gana aquel que ha ido avanzando por eliminación no deseada de sus rivales, la mayor regularidad del campeón no certifica un sustrato superior al de sus oponentes, más al contrario, la conservación del puesto le ha requerido jugar siempre a la defensiva, aguardando la caída del vecino o un momento de desfallecimiento para situarse en cabeza. Si la táctica resultare positiva y aquél llegare primero, bienvenido sea; si no, el buen conformismo saluda la situación conseguida, sea cual fuere.

El club caspolino ha vivido una acción similar. La cúpula dirigente, tanto técnica como social, ha merodeado el puesto y se ha agarrado a él como tabla salvadora de una vulgaridad, no por talento sino por común. Eso sí, con la aquiescencia general de la sociedad, tan culpable como los nombres propios que la representan.

La Junta Directiva elabora un presupuesto cercano a los once millones y medio de pesetas y obtiene ante tal inversión un puesto clasificatorio mediocre que no le permite salir del tercer cuadrante a lo largo de todo el campeonato y desmontar, en un momento, la imagen de seriedad labrada anteriormente. En resumen, se pierde un año y se dilapida la convivencia del vestuario, aquello que está muy por encima del mismo juego. Como réplica, el nuevo máximo mandatario excusa el poco tiempo que ha dispuesto para levantar el club, una entidad con los brazos ateridos por la dejadez del entorno social.

Los cambios, aunque mínimos, afectan a la Directiva, que refleja el siguiente ordenamiento:

Presidente: Don Carlos Monferrer Gómez.
Vicepresidente: Don Martín Santolaria Sancho.
Secretario y tesorero: Don Manuel Sancho Poblador.
Secretario-tesorero administrativo: Don Joaquín Berges Amorós.
Relaciones públicas: Don Gregorio Garcés Lasheras y don José Vicente García Muniente.
Vocales: Don José Cubero Zabay, don José Latre Fillola, don Sebastián Fontané Buisán, don Agapito Fortuño Font, don Joaquín Muniesa Ejea y don Antonio García Piera.

Carlos Monferrer retiene a Agustín Cirac para su primer proyecto y juntos comienzan una expectante andadura. Para dotarla de contenido se varía el 50% de la plantilla, incorporando ocho caras nuevas: Marcuello, Bayo y Mikel (Sabiñánigo); Fernando Asensio; Valle (Sariñena); Chusmi (Binéfar); Lozano (Casetas) y Baquero (Endesa de Andorra); "nuestro propósito era conjuntar un grupo con aspiraciones teniendo en cuenta los descensos habidos en Segunda B".

De entre los refuerzos sobresale Javier Baquero, un goleador nato, con deseos de triunfar en el fútbol profesional, que no estaba a gusto en el Endesa (le restaba otro año) y con el que mantenía una estrecha amistad el técnico caspolino. Agustín Cirac gestiona personalmente la contratación del espigado delantero, que firma con la contrabaja en su poder, esto es, quedaría automáticamente libre si algún club de superior categoría se interesaba por sus servicios.

El entrenador, en el segundo año de estancia en Caspe, hace un traje a su medida. Parece satisfecho con el plantel de jugadores a su mando e imprime un cuatro-cuatro-dos táctico al juego. El inicio de la Liga es comprometido y se llega al final del segundo mes sin positivos ni negativos. El Caspe clasifica en novena posición como punto de arranque a una historia que marcará la propia temporada.

Es el 25 de octubre, cuando en el campo zaragozano del Carmen se disputa el partido correspondiente a la octava jornada entre el Ebro y el Caspe. El resultado favorece a los locales, que ganan por tres a dos. "Y sin venir a cuento, el martes siguiente se presentó el presidente en el entrenamiento y nos abroncó de una forma totalmente insospechada y fuera de lugar", dice Agustín Cirac Piazuelo, "no teníamos un equipo para ser campeones pero sí podíamos hacer un buen papel trabajando con tranquilidad".

La iniciativa del máximo gestor no es bien interpretada por aquellos a quienes va dirigida y la convivencia se enrarece progresivamente, "el equipo no funcionaba. En el vestuario había problemas y el entrenador no era el dueño, los jugadores no estaban con él". "Sí, es cierto...", señala el aludido, "... el vestuario estaba de uñas pero todo era debido a un intento de poner sanciones y meterse en mi trabajo".

Lo verdaderamente cierto es que el conjunto se desquicia y conoce un descenso clasificatorio; los resultados no acompañan (tres victorias, cuatro empates y cuatro derrotas hasta el final de la primera vuelta), hay un conato de cese al entrenador y se comunica a los jugadores que la tesorería es escasa, "aquello terminó de envenenar, más si cabe, las relaciones, desestabilizó a la plantilla y provocó que el camino se torciera definitivamente".

La Junta Directiva elabora un presupuesto de 12.854.426 pesetas, del que sólo se cubren 11.343.330 arrastrando un déficit de 1.511.096 pesetas. Esta desviación presupuestaria empieza a dejarse notar a mitad de torneo, hecho que promueve el anuncio del presidente a sus jugadores. Para colmo de males, "hicimos una apuesta muy fuerte para la verbena de carnaval y nos dejó unas pérdidas de 650.000 pesetas". Éstas, junto a los 6.316.000 pesetas que cuestan entrenador y futbolistas, no pueden ser sufragadas por las taquillas (2.600.000) y los socios (3.390.000); además, como este año se ha perdido el sponsor, "la cuenta salió redonda".

Como quiera que el momento deportivo, económico y social, no es el más envidiable, una circunstancia inesperada terminará de desequilibrar la situación. Javier Baquero es requerido por el Real Burgos de Primera División para cederlo al Langreo, de Segunda B, y así controlar a un especialista frente a marco contrario. El Caspe debe dejar marchar, sin opciones, a tan deseado paladín y pierde la alegría ofensiva que despertaba su juego. La desgracia se cebará con el codiciado goleador y éste perderá la vida en la carretera en accidente automovilístico el 22 de noviembre del mismo año.

La salida de Baquero provoca el nerviosismo en el equipo, que salva la categoría en el último instante (Tamarite 0-Caspe 2), apoderándose de la decimotercera plaza, pero con la peligrosa decimoquinta en la maleta faltando una jornada para la conclusión de la Liga.

Económicamente, el final de la temporada se cubre de forma irregular y la Junta se ve obligada a solicitar un crédito a la Caja de Ahorros de la Inmaculada por la misma cuantía del déficit contraído, "el dinero lo devolvimos con los abonos del año siguiente", pretexta el presidente. Pero el diferente trato en el pago, discriminando a los futbolistas que continúan con aquellos que causan baja, proyecta un cambio de mentalidad en la imagen exterior del C.D. Caspe, que había sobresalido en los últimos años bajo el cartel de cumplidor.

La prensa zaragozana recoge el sentir de aquellos jugadores afectados por el incumplimiento y publica en sus páginas deportivas: "uno de los clubes modelos del fútbol regional aragonés ha dejado de serlo. Una política equivocada de fichajes, acompañada de acuerdos económicos superiores a sus posibilidades reales, ha provocado el impago de dos mensualidades y el malestar general de la afición".

El Club Deportivo Caspe, equipo apetitoso en la Tercera División por su seriedad, añadía a la posible pereza que genera su distancia con la capital (residencia habitual de los fichajes) el haberse añadido al carro de los morosos. La experiencia no es positiva y el técnico debe dejar su sitio a otro compañero.


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